LA RATA CAÑERA Y VARIABILIDAD CLIMÁTICA

Desde el punto de vista agrícola, los muridos, son las plagas de mamíferos más perjudiciales, no sólo por los daños directos causados por el consumo de cereales y granos, sino por la excavación de galerías subterráneas que algunas especies construyen.   En este grupo se incluyen roedores como las ratas.

La rata cañera o rata del algodón Sigmodon hispidus, es uno de los mayores limitantes para la producción de caña de azúcar a nivel mundial.  En México se han reportado pérdidas de 20 t/ha, y en Guatemala las pérdidas pueden llegar hasta un 40% del total de producción (Dieseldort 1993).  Según Alvarez (1998), las disminuciones en el rendimiento pueden ser del orden de un 60%.  El mismo autor menciona que en regiones tropicales, las pérdidas anuales de un 10%, se traducen en 5 millones de toneladas de azúcar.  Estos roedores viven en poblaciones densas, que fluctúan debido a varios factores aún no bien entendidos.  En condiciones naturales las poblaciones son grandes.  La hembra  es sexualmente madura a los 30 ó 40 días, mientras que el mancho está preparado a los 60 días.  El período de gestación es de 27 días y la camada es normalmente de 12 ratoncitos.  Por lo tanto una sola pareja en potencia puede dar origen  a unos 35000 individuos por año (Gispert 1991).  Sin embargo, la rata cañera al igual que otros congéneres, tienen un alto sentido de control poblacional, ya sea por canibalismo (Gispert 1991) o bien por dispersión.  Se han encontrado correlaciones positivas  entre la dispersión y la densidad de la población.

Uno de los principales factores  que pueden afectar las variaciones poblacionales de la rata cañera, es el clima.  Elementos meteorológicos como la temperatura y la precipitación, han sido exitosamente relacionados a las fluctuaciones de las poblaciones de otras plagas como la langosta y otros acrídidos (Retana 1996, Morishita 1992, Rainey 1963).  La precipitación incide decididamente en la oferta alimenticia, dado que estos mamíferos son principalmente vegetarianos, aunque ocasionalmente pueden alimentarse de insectos y otros animales pequeños.

Según Hilscher-Conklin (1997), las ratas  en condiciones naturales pueden utilizar la agresión y el canibalismo como arma para asegurar la sobrevivencia del grupo, en épocas de altas densidades y baja oferta alimenticia.  Se esperaría entonces que en años con disminuciones importantes de las precipitaciones y que afecten negativamente la producción agrícola y de pastos, las poblaciones de ratas disminuyan por mecanismos de autorregulación.  Modelos predictivos de altas poblaciones, utilizadas para disminuir el riesgo de contagio de enfermedades portadas por las ratas cañeras, han sido desarrollados experimentalmente en Argentina.  Estos modelos asumen que la población crece por efecto de la precipitación sobre la vegetación y los insectos blanco de alimento de las ratas (Mills y Childs 1998).  En este mismo sentido, Humbert (1968) cita que en México, los daños en cañaverales causados por ratas, disminuyen cuando la estacionalidad favorece el espigamiento y cosecha de cultivos próximos como arroz y maíz.  Las altas precipitaciones parecen tener un efecto significativo en la densidad de población.  Fauconnier y Bassereau (1975), indican que bajo ciertas circunstancias de fuertes lluvias, los ataques de ratas toman proporciones epidémicas, como sucedió en Guyana con pérdidas de 12500 toneladas métricas de caña de azúcar.

Por otra parte, la temperatura puede jugar un papel importante en el confort térmico del organismo y su acción sobre la suculencia de pastos y gramíneas, que son su principal fuente alimenticia.  Se ha reportado que la especie se ve limitada a zonas con una temperatura media anual de 12.8ºC y por lo menos 180 días como estación de crecimiento de cultivos. 

En 1999 en Nicaragua bajo los efectos del fenómeno La Niña con la ocurrencia de precipitaciones excesivas, se crearon condiciones favorables para la proliferación de ratas cañeras, a las cuales se asociaron los brotes de Leptospirosis, principalmente en las zonas rurales próximas a las áreas donde se cultivan gramíneas.

De acuerdo al estudio realizado por el Departamento Agrícola del Ingenio Taboga de Costa Rica (EFECTO DE LA VARIABILIDAD CLIMÁTICA SOBRE LA FLUCTUACIÓN POBLACIONAL DE LA RATA CAÑERA (Sigmodon Hispidus) EN CAÑAS, GUANACASTE), el modelo aplicado indica que la temperatura ambiental afecta en forma inversa a la densidad de la población, aunque con correlaciones estadísticamente moderadas. Esto quiere decir que a bajas temperaturas corresponden altas densidades de población y a altas temperaturas, bajas densidades de población, aunque estudios científicos han reportado que esta especie, tiene un límite de control térmico, por lo que  se ve limitada con temperatura media anual de 12.8°C.

Con el corte de la caña de azúcar, la recolección de la cosecha de granos básicos a partir de noviembre y la terminación del período lluvioso en octubre de cada año, se crear condiciones favorables para el control de la población de la rata cañera.  Sin embargo, con la incidencia del invierno astronómico en el Hemisferio Norte en el período de enero a marzo de cada año, en que las temperaturas en nuestro país alcanzan el mínimo anual, podrían incrementarse éstas de forma alarmante en las zonas bajas y cálidas del Pacífico y Norte y controlarse en las zonas más altas y frías , donde la temperatura alcanzaría el mínimo biológico para estos roedores.

Fuente : Parte de la información general de este artículo fue tomado del boletín meteorológico mensual (año XXII #8, agosto 1999) del Instituto Meteorológico Nacional de Costa Rica.